Carta a las víctimas

Cuando se habla del fuego es difícil comenzar; no sabemos si es el calor lo que nos fascina, o la luz que nos envuelve, tal vez sea su incontenible vitalidad que hace crujir la madera de cualquier escenario bajo la pasión de sus palabras. Entonces ya no hablamos de fuego, para hablar de las personas que con ese mismo calor han derramado su nombre para delinear las fronteras de nuestro país.

Pero hoy no es un día para recordar el dolor que no nos abandona; hoy no conmemoramos el agravio, la afrenta; hoy no es el día de las heridas abiertas y sí de la valentía continua de cientos de víctimas, del triunfo sobre el olvido que -de todas las afrentas- es la única que no podemos perdonar. Pues permitirnos el olvido es fundirnos con la muerte misma, plegarnos a sus palabras, ungirnos con las cenizas de los que ya no están.

Y la luz brilló en las tinieblas y las tinieblas no comprendieron. Fecunda, en nombres incandescentes, la historia de nuestro país  ha constituido en la ausencia de sus hijos prominentes un faro moral que no se extingue, un horizonte de acciones que aún guía nuestro presente, en el que la grandeza de los hombres que alguna vez se llamaron, trascendió la muerte misma como ideas perennes, sus hijos, vuestros padres, mis abuelos, cada uno de ellos se resiste a través de nosotros a dejar en el pasado su legado, y nos llena de sentido estos momentos.

El nombre de todos es ese nudo en la garganta que desdibuja nuestra voz, el nombre de todos se asoma en nuestros ojos haciéndolos brillar, el nombre de todos arde en nuestro pecho y tiembla en nuestros puños cuando se agitan al aire pero también cuando abrimos, generosos, nuestras manos en un abrazo. En nombre de todos, presentamos desde esta curul un profundo respeto a las víctimas que hoy nos acompañan en este recinto y que no se van de nuestras mentes, no como personas heridas, más como la tenacidad hecha carne, la pujanza que nos mira a los ojos y nos obliga a no perecer.

Procuraré que hoy mis palabras sean breves, pues siempre que he hablado de victimas ha sido una voz prestada,  un asalto al silencio, pero estando ustedes aquí no podría decir nada que sus corazones no supieran ya; no podría hacer nada que sus manos no hayan hecho, no podría irme a ningún lado donde ustedes no estuvieran ya. El 9 de abril inaugura un periodo que aún no termina, al que anhelamos poner un fin y construirlo en los años venideros.

Aquí nadie se ha ido si están ustedes, nada nos falta si esta su recuerdo; vibra la vida.  Como diría el maestro Jesús María Valle “Aquí estamos y estaremos siempre, en el calor de la lucha o en la quietud de la muerte”

Victor Correa Vélez

Representante a la Cámara por Antioquia

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