De Santistas, Zuluaguistas y otras aristas

Por Santiago Salinas

Ahora libre de asuntos electorales, puedo afirmar con tranquilidad que no había un ejercicio político cimentado en muchas razones durante las elecciones presidenciales, la exacerbación de nuestros sentimientos fueron la cuota mas alta en las urnas , por un lado el temor bien fundamentado a un gobierno al que no seria posible disputarle nada por vías democráticas -y en tanto violento- y por otro lado el frenesí que produjo el advenimiento de un monstruo imaginario conocido como castro- chavismo que para ser honesto no existe más allá de las mentes licenciosas de quien genera un incendio para cazar con mayor facilidad las criaturas que huyen.

Aún así estas explicaciones son insuficientes, pues no era solo el temor al castro-chavismo lo que movía a los ciudadcastrochavismoanos hacia las urnas,no se trataba de la re lectura de La Guerra de los Mundos por Orson Welles ;donde los ciudadanos huían de noticias imaginarias. Había algo mas , algo mas profundo que solo vendría a configurarse completamente con la imagen de un registrador ebrio arengando y amenazando policías, y es que el sentir que alienta a un grueso de las huestes zuluaguistas, es la fuerza , tenacidad , pero ante todo la fuerza del hombre detrás, e inmediatamente se nos ocurre pensar ¿cómo puede un hombre bajito ya entrado en años, de complexión delgada y apariencia frágil significar la fuerza?

La respuesta la padece el estado de derecho, en el que el estado se abroga el uso de la fuerza y el soberano se supone compelido por el mismo ordenamiento, en la transgresión de estos principios- por nombrar algunos- radica la fuerza que se admira desde los sectores que engrosan e incendian los ánimos con al finalidad de que se rompan las bardas del estado de derecho, el quite a la ley y la suplantación de la misma por la voluntad del gobernante se lee como una virtud que ensalza a quien le sigue; en plata blanca estar por fuera de la ley es una virtud en una sociedad que se supone regida por la misma, en la cual el desacato a las medidas cautelares y el ataque a la independencia judicial no son mas que síntomas dolorosos de una corrupción que ha hecho metástasis hasta la cotidianidad.

Así, el entender la separación de poderes , apegarse a criterios de legalidad y justicia, vincularse por los mandatos constitucionales y en especial el dialogo como método de resolución de conflictos son leídos como debilidad y carencia de hombría, en pocas palabras “la sujeción a la ley es para afeminados”. A esta altura se adivina que las expresiones padrón y patrón, no solo se confunden fonéticamente sino semánticamente, para dar como resultado un aguerrido caudillo apuntalado en los prejuicios de una sociedad corrupta y temerosa, que encuentra en la constitución una barrera y no una enunciación de principios.

Es entonces el atributo del hombre fuerte de esta sociedad estar dentro y fuera de la ley a su antojo, y se supone que esta condición -la del hombre fuerte-, no se adquiere por connivencia si no también por adulación, en reconocimiento de que no sólo hizo lo que nadie mas podía, si no que incluso fue mas allá, también se cometió lo que nadie mas debía. Es este proyecto el que aparece ominoso en el horizonte (nuevamente) y que lejos de estar herido ha comenzado a convocar legiones, y serán oposición no sólo a santos y su incomodo proyecto de agudizar la miseria de las gentes si no al estado de derecho mismo, habremos de caminar cautelosos, pues aquí no hay enemigo de mi enemigo, lo que se golpea estará siempre mas allá de la mera fachada del gobernante de turno.

Deja un comentario