Deshacinar las cárceles, un asunto humanitario

Cuando empezamos a hablar de la cárcel,  acostumbramos perder de vista asuntos obvios. Se nos olvida que no todos los que están en la cárcel son delincuentes, así como que no todos los delincuentes están en la cárcel; perdemos de vista la humanidad de los que están en estos centros y generalizamos peligrosamente negándoles derechos que tienen por el solo hecho de ser humanos.

En Colombia, para el mes de enero de este año, se encontraban 120.736  personas privadas de la libertad, el 35% permanecen allí sin que un juez de la Repúlica les resuelva si son inocentes o culpables y, a pesar de que el derecho dice que mientras no se les pruebe lo contrario son inocentes, la realidad los trata como culpables de la forma más atroz, pues no solo se les priva de la libertad en muchos, muchísimos casos, se les priva de su familia, de su trabajo, de su educación, de la salud, e incluso de la vida.

Pero más allá de estos datos, que deberían bastar para pensarnos seriamente en la forma como en sociedad aplica la privación de la libertad, tenemos que dejar de buscar el muerto río arriba. La solución no es construir más cárceles, o meterlos en contenedores, o redistribuirlos por todo el país. Entre diciembre del 2015 y enero del 2016, ingresaron 292 personas a centros carcelarios, esto es, casi 9 personas por día a purgar penas superiores a 5 años. Así no hay sistema penitenciario que aguante, sin olvidar que no todos los delitos son procesados y mucho menos llevados hasta la sentencia.

Hemos subido penas de manera constante, eliminado garantías para los procesados, endurecido la regla por más de 20 años consecutivos y la tendencia de la criminalidad a juzgar por el número de condenados es al aumento, podríamos pensar que hay una mayor efectividad de los órganos policiales y judiciales pero si esto fuera cierto las cárceles no estarían saturadas de sindicados sin que nadie les resolviera su situación.

En Colombia, el ‘arrume’ de cuerpos dentro de la cárcel -o hacinamiento- ha mantenido una tasa global de un 54% con una tendencia al aumento sostenida en el tiempo. Tenemos al 0.2% del país tras las rejas y, curiosamente, el crimen no ha cedido.

Debemos pensar en otras soluciones, despenalizar conductas, hacer más rigurosa la imposición de la medida de aseguramiento, robustecer el sistema judicial, reforzar el sistema de defensores públicos abrumados por un numero inhumano de casos que deben atender, darle materialidad al preámbulo de la constitución y poner el acento en lo social del Estado social de derecho.

Promuevo el deshacinamiento no por amor a la delincuencia sino por el sentimiento básico de humanidad, por el principio de legalidad; porque cuando el Estado se reserva la facultad de castigar a los ciudadanos también dice que lo hará con arreglo a la dignidad humana, si no se puede castigar sin hacer perder la dignidad entonces que no se castigue, pero no podemos ser cómplices como sociedad de la tortura masiva, a miles de connacionales muchos de ellos inocentes que se les niega todo por el afán de castigar como si con esto solo bastara para mejorar la sociedad.

Víctor Javier Correa Vélez
Representante a la Cámara por Antioquia
Polo Democrático Alternativo

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