Despolitizar la política y politizar la vida

 

Por: Carlos Patiño
@carlosmpat

despolitizarEn nuestro contexto, el concepto de la política tiene una connotación negativa. El mal ejercicio de los actores políticos en nuestra historia le da la razón a quienes rechazan el ejercicio de la política, por considerar que es la práctica más llena de trampas, mentiras y conspiraciones que pueda realizar alguien y que por tanto, quienes se autodenominan buenos no tienen por qué meterse en este juego.

En el ámbito político, el lenguaje también hace pensar que la política es una práctica en la que se confabulan los diferentes intereses de privados para dilapidar el erario público, ¡qué cinismo!, es muy usual ver a políticos arguyendo que en determinada institución o tema no deben intervenir las fuerzas políticas, porque esto “politizaría” la institución o el tema que se trata; afirmación que contiene de suyo la tesis de que “hay que cuidar lo importante de la política porque en política todo vale”, “la política todo lo daña”.

Mi percepción es que el quehacer político como práctica histórica en nuestro contexto, es una desviación de la gestión pública de necesidades colectivas; la clientela como regla de comportamiento en los políticos, ha hecho que indudablemente cuando se refiere a lo político, entonces se hable al tiempo de lo malo, lo torcido, lo indecente, todo lo que pueda resultar de una práctica en la que todo vale y que por tanto es un “trabajo sucio” que solo un selecto grupo de malas personas con “buenas” intenciones puede ejercer.

En todos los niveles en Colombia se hace política para conseguir trabajo, la burocracia pasó de ser una herramienta para el cumplimiento de los objetivos de la organización estatal, al objetivo mayor en la disputa política, el frente nacional – una de las mayores tragedias institucionales de Colombia – despolitizó el debate por el poder en Colombia y lo convirtió en una componenda que nada tuvo que ver con lo programático, entre dos sectores políticos que excluyeron cualquier otra alternativa y arreglando al precio que fuese necesario – como en la noche del 19 de abril de 1970 – la manutención del poder político, para garantizar a las personas enlistadas en el pacto, prescindiendo de paso, de cualquier idea por la palabra empeñada en un contubernio.

Pero el desinterés ciudadano por el devenir público no es fortuito, obedece una práctica intencional de los políticos, quienes paradójicamente, son los únicos que pueden lucrarse de hacer mal su trabajo, es decir, el gran logro de la clase política es ser tan grotesca que nadie quiera ocupar su lugar y de esta forma afianzan su negocio burocrático.

El negocio redondo de desligar la realidad de la política, consiste en consolidarse en una casta burocrática, conservadora y cínica, cuyas decisiones políticas se motivan en beneficios burocráticos y que resulta inalcanzable para cualquiera; una política de promoción de la indiferencia  que halla su rentabilidad política en que la gran mayoría de los colombianos no quieran hacer la conexión entre sus vidas diarias y las decisiones políticas.

Siendo la política el estadio de todas las perversidades imaginables, es perentorio despolitizar la política, es decir, si se entiende la politización como un juego de intereses particulares donde todo vale; habrá entonces que arrebatarle a esos intereses y a esa desfachatez ética la política, tomar por asalto los lugares de decisión política y hacerla trabajar por el bien común.

Para lograr esa tarea tendremos a la par que politizar la vida, visibilizando el inminente contenido político que tiene el pasaje del bus, el agua de la canilla, el aula de clase y la cita hospitalaria; lograremos avanzar en la posibilidad de que la gente se tome en serio entenderse en colectivo y aporte activamente a la construcción de alternativas para solucionar ese montón de problemas diarios que vivimos juntos, en suma, que nos demos a la tarea de hacer política, de despolitizarla, de tomárnosla, repito, por asalto.

Deja un comentario