¿Dónde queda la paz de las víctimas?

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Fredy Gaviria
@fredygaviria

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El pasado 9 de abril las calles de Colombia se inundaron de marchantes, esa misma semana se conocieron noticias que despertaron el interés en el país, como las diatribas lanzadas por Fernando Vallejo, los golpes que quiso propinar Maradona  al aficionado en el partido por la paz, cualquier cosa escuchamos sobre el magistrado Pretelt y uno que otro titular sobre el histórico encuentro entre Raúl Castro y Barack Obama en la Cumbre de las Américas.

Mientras tanto en Colombia nuestros dirigentes seguían haciendo de las suyas, las Víctimas, para las cuales el congreso en muestra de solidaridad (y desde que lo obliga la Ley de Víctimas) sesiona en pleno cada año, eran  acalladas por un partido que con su poca vergüenza y mucho cargo de conciencia, decidió levantar la sesión, porque sabían que a sus compañeros de los cuales no se diferencian mucho, poco les interesaba escucharlas y seguramente no estaban presentes. Cumplieron su objetivo, no encontraron quórum, lo que es muy normal pero no deja de ser indignante, porque en este país seguimos eligiendo a quienes nos dan el tamal y ofrecen bala contra los rebeldes y nos olvidamos de que el verdadero sentido del voto es elegir representantes para mejorar nuestras condiciones.

Así es, mientras una ley posibilitaba escuchar los relatos de un pueblo que ha sido masacrado incesantemente, la irresponsabilidad de los ausentes y otra Ley en malas manos (las mismas que nos gobernaron 8 años),  obligó una vez más a silenciarlos, y qué tanto es el poder de los victimarios, que esta vez no necesitaron fusiles.

Por otro lado, mientras esto ocurría, en el mismo recinto, Victor Correa (Representante a la Cámara por Antioquia) lograba juntar 50 firmas de parlamentarios  que respaldaban una carta que le enviaron al ELN y al Gobierno Nacional para llamarlos a avanzar en los diálogos. Más allá de este hecho, lo curioso y simpático fue el punto de encuentro que generó dicho documento entre los personajes más controversiales de la política nacional, esa carta la firmaban desde Roy Barreras y Horacio Serpa, hasta Jorge Robledo e Iván Cepeda, pasando por Claudia López y los presidentes de Cámara y Senado.

Es un mensaje claro a las fuerzas negociadoras, pero aún más al pueblo colombiano, es evidente que lo que se quiere no es una paz a medias, lo que queremos va más allá de actos simbólicos y espectáculos mediáticos. Y hoy, más que nunca, en honor a las víctimas de este eterno conflicto, a las que por cierto, escucharles también hace parte de la construcción de la paz; es momento de que las partes demuestren su verdadera voluntad de negociar y de reconocer sus errores. Es hora para que tanto el Estado como las guerrillas comiencen a mostrar una luz verdadera de esperanza, sin demagogias, sin mentiras, porque hasta donde uno se entera, lo que sigue alumbrando nuestras tierras, es la luz de los fusiles y no siempre por parte de las guerrillas.

En resumidas cuentas, si nosotros mismos no nos encargamos de construir la paz, ni en el congreso ni en el gobierno la van a construir, mucho menos, cuando muchos insisten en obtener una paz por medio de la guerra.

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