El virus del Zika; la salud de Colombia en un zumbido.

Por: Victor Correa Vélez
@VictorJCorreaV

Atronadoras verdades de nuestro sistema de salud a veces llegan zumbando, y así lo pone de manifiesto la evidente dificultad para el gobierno nacional para el control de una epidemia, si bien la Organización Mundial de La salud declaraba la emergencia sanitaria el pasado lunes primero de febrero, en Colombia ya habíamos enfrentado hacía dos años mutatis mutandi al mismo vector que hoy genera una inusitada presión sobre la salud de los Colombianos.

El mismo mosquito que transmite el chikungunya y el dengue, hoy es el portador del Zika, aunque de esto no se puede culpar a nadie, los factores estructurales que permitieron un avance acelerado en el país del chikungunya permanecen, sumado a la terrible coincidencia climática que conocemos como el fenómeno del niño cuyas altas temperaturas tienen como efecto el aumento de la población del vector.

En agosto del 2014 se presentó el “Plan Nacional De Respuesta Frente a la Introducción Del Virus del Chikungunya en Colombia” y se señalaba por parte del Ministerio de Salud dentro de los Determinantes del riesgo para la transmisión del virus (chikunguya para este caso) en los factores políticos; el alto costo que significa sostener las acciones de control entomológico y las limitadas acciones de comunicación y promoción de hábitos adecuados de almacenamiento de agua.

Casi dos años después de cara al mismo vector nos encontramos en una Fase epidémica, con un  número de casos creciente, que oscila entre mil y  mil doscientos  casos nuevos semanales[1]. Sumado a las eventuales consecuencias sobre la salud del nuevo virus, Resulta obvio que el “alto costo” de sostener las acciones de control entomológico no era tal, y que el factor político implica ahora e implicará a futuro una presión financiera adicional sobre un sistema de salud empobrecido y vulnerable.

Estas malas decisiones en salud pública no se agotan en el espectro de la responsabilidad política del titular de una cartera, estas malas decisiones tienen una profunda lógica que responde al modelo  de sistema de salud que ha privilegiado el gobierno. La incapacidad de respuesta oportuna se explica en caracteres de nuestro sistema; una focalización desproporcionada en la atención de alta complejidad especializada; la fragmentación de los servicios y la separación entre las acciones individuales y las colectivas; y la mercantilización generalizada de la atención en un sistema precariamente regulado y en consecuencia, la perdida estatal de la rectoría.

Estos factores se contraponen fuertemente al desarrollo efectivo de la atención primaria en salud, comprendida como la asistencia sanitaria esencial accesible a todos los individuos y familias de la comunidad a través de medios aceptables para ellos, con su plena participación y a un costo asequible para la comunidad y el país. [2] Este aspecto confiado en el ordenamiento normativo a las Entidades promotoras en Salud, fue dejado de lado debido a la excesiva concentración en su papel de intermediación financiera en favor del lucro.

Cambiar el rumbo del sistema de salud y retomar el papel de la atención primaria en salud más allá de los programas de atención a enfermedades y darle el lugar en la inversión que esta merece, implica un esfuerzo conjunto que depende de un fuerte liderazgo sectorial como el de la Mesa Nacional por la Salud y un ingente y sostenido esfuerzo gubernamental para afrontar los desafíos sanitarios, como los que plantean el proceso de urbanización, el cambio climático, la discriminación por motivos de género o la estratificación social.

Para el mes de agosto, de acuerdo a las proyecciones realizadas por el Ministerio De Salud con base en el caso de Brasil, se espera que 600.000 personas hayan contraído el virus del Zika en Colombia, frente a los fuertes indicios de una relación del virus con la microcefalia estaríamos frente a unos  400 a 800 casos de microcefalias con base en los indicadores de Brasil. A pesar de que uno de los efectos adversos más severos está relacionado con la salud de las gestantes,  las medidas tomadas por el ministerio dejan de lado una de las principales barreras del sistema que responden directamente a un sesgo de género.

Como ocurre en el resto de Latinoamérica el ingreso promedio de  las mujeres en Colombia es significativamente inferior al de los hombres[3], lo que se traduce en un acceso limitado por caracteres económicos a los servicios médicos, sumado a factores culturales en los que si bien “el promedio de años aprobados de educación sobrepasó al promedio de los hombres a partir de 1987[4] . A nivel regional, en América Latina sucede un fenómeno similar: la mujer ha equiparado al hombre en términos de educación; de hecho, actualmente las mujeres tienen mayores probabilidades de enrolarse en la educación secundaria y terciaria que los hombres[5]”.

Esto se contrasta con la abundante literatura económica en los que se evidencia que “el ciclo económico afecta de manera diferencial a hombres y mujeres en cuanto a los indicadores de mercado laboral (…) para las 7 principales ciudades colombianas entre 1984-2000 y hallan que los jóvenes con bajos niveles educativos, en particular las mujeres jóvenes, son los más vulnerables frente a los ciclos económicos en términos de respuesta de las tasas de desempleo y participación.”[6] La desigualdad salarial, la vulnerabilidad frente a los ciclos económicos, y la propensión al desempleo aumentan la vulnerabilidad de la mujer frente a los procesos de salud y enfermedad.

Frente a estas  vulnerabilidades se hace prioritario la eliminación de las barreras económicas, se debe acompañar de iniciativas para lograr que los servicios de salud sean adecuados, aceptables, de gran calidad y acordes con las necesidades de las niñas y las mujeres. El carácter del sistema centrado en la enfermedad agudiza el impacto del virus sobre la población, habida cuenta de la pequeña ventana de oportunidad que ofrece la Prueba diagnóstica, agravando la situación de la población ubicada en los territorios dispersos.

Con la presencia del virus en 28 departamentos el impacto del éste sobre la población en general y especialmente las mujeres, puede ser mucho más grave debido a la sinergia de la epidemia con los fallos endógenos del sistema. Es nuestro deber repensarnos este sistema de salud, reorientarlo y materializar la salud como derecho: aumentando la inversión en Salud Publica, reenfocando nuestro modelo de salud con base en la estrategia de atención primaria en salud, eliminando las barreras de acceso, limitando o aboliendo la intermediación financiera y su posición dominante, recuperando capacidades de acción públicas territoriales entre otras propuestas ya conocidas por el gobierno. Pareciera una obviedad recordar que las fallas del sistema se traducen en sufrimiento, tratos indignos y muerte, el componente esencial del sistema es la persona de carne y hueso, los que hoy me leen y aquellas generaciones venideras que dependen de nuestra decisión presente y resuelta por un cambio de modelo.

[1] Cifras del ministerio de salud , rueda de prensa 06 /01 /2016

[2] Declaración ALMA –ATA 1978; consultado en: http://www2.paho.org/hq/dmdocuments/2010/APS_Alma_Ata-Declaracion-1978.pdf?ua=1

[3] Brecha salarial entre hombres y mujeres y ciclo económico en Colombia Adriana Sabogal M.

[4] Ibid 3

[5] Chioda 2011

[6] Hoynes, 1999; Sánchez et ál., 2003 y Blank, 2006.

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