Je suis Ayotzinapa

Las expresiones expuestas en las columnas de opinión no comprometen los principios del congresista, sólo los autores son responsables de su contenido.
Carlos Mario Patiño
carlosmario@victorcorrea.com.co

je-sui-carlos-patiñoIndiscutiblemente lo que ocurrió en Charlie Hebdo la semana pasada es una tragedia contra la libertad de expresión, contra el islam si se quiere, y es posible que hasta contra la inteligencia del mundo – si se prueba que es una “falsa bandera” como dicen los gringos – no importa contra quien, lo indiscutible es que es trágico, ya los líderes mundiales, los medios y los ciudadanos masificados unimos las voces para decir que  no cabe duda que sin importar contra quién, ni cómo; si es en Francia, y especialmente en árabe, es una tragedia tremenda. La muerte de una persona siempre será una tragedia desde ciertas perspectivas y no quiero obviar ni trivializar lo horrendo que resulta que cualquiera  se tome la atribución de decidir sobre la vida del otro y la acabe – o la alargue cuando se quiere terminar con ella – tampoco quiero debatir teorías conspiranoicas sobre algunos hechos dudosos de la tragedia, sólo quiero llamar la atención sobre varios elementos perversos que se identifican en nuestra sociedad en razón del trágico hecho.

Empecemos por aceptar que no es un montaje, lo que no me cabe en la cabeza es que si no es un montaje ¿cómo no se le ocurrió a alguien hacerlo antes? pues es perfecto para promover la superioridad racional y moral de occidente, la unidad nacional en favor de la libertad, la igualdad y la fraternidad, es un hecho perfecto; cualquier publicista de occidente espera que un grupo de alocados e irresponsables extremistas islámicos se tome por asalto un medio de comunicación que se mofa de la gente y los acribille a balazos con armas  de asalto rusas, un hecho perfecto que en la ciudad en que se decapitaron los monarcas en nombre de la libertad, un grupo de árabes decida cometer una afrenta contra los más indefensos y libres periodistas, hay que aceptarlo, es una tragedia con muchas posibilidades publicitarias y quizá por eso todos estamos tan indignados, no por la vida, ni por la libertad de expresarse sin límites en contra de las cosmovisiones de otros que nos entregó la revolución francesa ¡no! Estamos indignados porque somos el target esperado para ese tipo de información, las personas que perdieron su vida en el hecho cada vez son menos importantes en el debate que hoy se da entre el occidente racional y el oriente fundamentalista, hemos comprado la dosis necesaria de indignación y de auto-referencialidad para sentirnos lo suficientemente europeos.

Pero no es la sociedad mundial la que está indignada, es la suma de las individualidades del mundo la que se indignó, fuimos los consumidores de indignación los que nos sumimos en la fraternidad con nosotros mismos porque lo que había que hacer era precisamente indignarse, era lo correcto, pero por supuesto, en su justa medida y hasta la serie de las 10 p.m. cuando teníamos que estar ocupados de los zombies u otra cosa importante. No hay una sociedad que se indigne, por eso la indignación no basta, porque son muchos individuos dueños de sí mismos quienes ejercieron la indignación suficiente para que no pasara nada en un espacio en el que más que ser, pretendemos ser, la virtualidad ofrece la posibilidad de aparentar ser lo que pretendemos.

“JE
 SUIS
 CE
 QUE JE
 SUIS”.
 Mi cuerpo me pertenece.
 Yo soy mío, tú eres tuyo, esto va mal. Personalización de la
 masa.
 Individualización de todas las condiciones –de vida, de trabajo, de desgracia.
 Esquizofrenia difusa. Depresión
 rampante. Atomización en finas
 partículas
 paranoicas.
 Histerización del
 contacto.
 Cuanto
 más
 quiero
 ser
 Yo, más
 tengo el sentimiento
 de vacío. Cuanto
 más
 me exploto
 más
 me agoto.
 Cuanto
 más
 corro, más fatigado estoy.
 Yo
 tengo, tú tienes,
 nosotros tenemos nuestro Yo
 como
 una
 fastidiosa taquilla. Nos
 hemos convertido
 enrepresentantes
 de
 nosotros
 mismos este
 extraño
 comercio,
 los
 garantes
 de
 una
 personalización
 que
 tiene todo
 el
 aire,
 alfinal, de una amputación.
 Nosotros garantizamos hasta la
 ruina
 con una
 torpeza más
 menosdisfrazada.”[1]

Tomarse un selfie indignado,  estimular la personalidad indignada, parecer que queremos que algo cambie, hablar mal de los musulmanes, un par de galletas, leche deslactosada y a la camita.

La indignación no basta, en especial cuando no cambia la rutina, pero uno quisiera que otros hechos igual de trágicos generaran la misma indignación, que fuera tan taquillero que policías, paramilitares y estado desaparezcan estudiantes en Latinoamérica, como es taquillero que musulmanes maten periodistas en Francia; que la clase media que vivimos recuperara la dignidad para indignarse por fin y no admitiera que nadie sin importar si sale en televisión o no, o sin ser convertido en meme pueda pasar por encima de los otros, yo creo que tal vez alguno de esos artificiales y rentables brotes de indignación nos permita avanzar tan solo un poco y no simplemente creer que avanzamos, ojalá podamos poner de moda el apoyo al proceso de paz, ojalá se vuelva cool votar por propuestas alternativas y cambiemos alguna cosa.

Sin embargo, y pese al manejo xenófobo que ha tenido el hecho yo siento que soy Charlie, pero también soy Ayotzinapa y soy Ángela Robledo y Piedad Córdoba que empezaron el año amenazadas por la locura de querer jugársela por la paz; yo Soy con la esperanza de que un día dejemos de ser de a uno y todos seamos.

[1] LA INSURRECCION QUE LLEGA, Comité Invisible Paris marzo de 2007

Un pensamiento en “Je suis Ayotzinapa

  1. En eltriangulo dordao de los Narcos es maestro rural es el referente obligado de respeto y compromiso.La narcoeconomia no permite a plenitud ser un eficaz promotor de la superacif3n a trave9s del conocimiento y la educacif3n Cf3mo hacerle casoalmaestro que llega alacomunidad caminando o en mula,que te dice que lo principal es crecer como seres humanos? Si el Narco llega en cuatrimoto con cuerno de chivo y en la bolsa un fajo de billetes verdes.Lo poco que gano no se compara con la cadena que cuelga de su cuello. Yo no puedo darles trabajo, mi dignidad radica en ayudar a formar seres humanos que no se conformen con ser burreros del Chapo

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