La oposición como posición

manospoloLa oposición política trasciende su escueto significado de la ubicación respecto al gobierno de turno, para convertirse en una posición ética con relación al proyecto moral imperante. En contexto, esto significa una oposición que prioriza la mayor satisfacción colectiva en lugar de la maximización de beneficios individuales o de colectividades minoritarias.

En el exordio del debate de control político por paramilitarismo en el senado de la república, resulta una necedad insinuar siquiera cualquier cercanía del Polo Democrático Alternativo y El Centro Democrático; sin embargo, no tardará en caer en el olvido para que la opinión pública continúe en su estulticia de medir con el mismo racero e intentar homologar la condición del PDA y el C.D., para terminar echando en desmedro la sabiduría popular vertida en un simple aforismo según el cual “si la única diferencia que hay entre quienes ejercen el poder y quienes no, es ésta,  entonces no hay ninguna diferencia”.

Esta condición mediática, generalmente adversa a la oposición, demanda plantear nuestra condición para entendernos. Naturalmente nadie se opone a sí mismo o a lo que es su par, observación que cobra sentido si se lee la postura del PDA, durante casi un decenio, sobre el momento más duro desde el 91 para la democracia nacional, es decir el gobierno Uribe, quien podría soslayar las luchas del PDA, debates de control y oposición flagrante a la lesión de los mínimos institucionales que debería preservar cualquier estado de derecho. Y no fue una mera oposición parlamentaria. La academia militante hizo otro tanto desde los terrenos que a su disposición tuvo, ¿o es que acaso alguien podrá negar la valentía de la movilización social que se gestó junto al polo y con el polo durante esos momentos?

Entender que la oposición no es simplemente un desagrado pueril respecto a quien gobierna requiere de un análisis somero al tiempo que hemos pasado. No es este texto un panegírico al POLO, ni sería el lugar para ello, ni pretende mucho menos negar las profundas dificultades de la construcción colectiva; no obstante, ningún defecto podrá ocultar la insoslayable verdad, una que radica en haber realizado la quijotesca tarea de ser oposición como propuesta de un plan de nación digno más allá de los gobernantes de turno.

Santiago Salinas
santiagosalinas@victorcorrea.com.co

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