Los hijos de la madre tierra

Por: Ana María Gallego
Juventud Digna

ana-maria-gallegoMientras las redes sociales se inundaron de burlas al desafortunado comentario de la senadora Valencia, como si lo más importante fuera descubrir sus supuestas tendencias racistas, los verdaderos protagonistas, los indígenas Nasa, siguen siendo atacados por las fuerzas del ESMAD en Cauca.

El afán por regresar a su territorio, tomado por los españoles al expandir los ingenios azucareros, no es un hecho reciente. Historias como las del Cacique Juantama o la del revolucionario Quintín Lame, son muestras claras de que la comunidad Nasa anhela regresar a los terrenos del valle. Los cuales continúan en manos de los ingenios.

La incapacidad de entender el porqué están tan apegados a sus antiguos predios, ha derivado en la muerte de cientos de indígenas. No solo por sus luchas revolucionarias para retomarlos, sino por los abusos de la fuerza pública al intentar sacarlos de los terrenos que pretendían ocupar pacíficamente. Un ejemplo de esto es la masacre del Nilo, donde 21 indígenas fueron asesinados por la policía y civiles armados que pretendían obligarlos a abandonar la propiedad. Tal atrocidad le acarreó al Estado una condena de otorgarle quince mil hectáreas a la comunidad Nasa en compensación.

El gobierno cumplió, no se puede desconocer su labor. Ahora los indígenas tienen más del 33% de la frontera agrícola del departamento. Sin embargo no son suficientes para garantizar la subsistencia de estos, ya que la mayoría son reserva forestal, no aptas para la agricultura o tierras sagradas. Por eso decidieron regresar a la lucha por el Valle.

Esta pretensión no obedece a planes expansionistas como lo afirma la senadora del Centro Democrático. El empeño de los indígenas por recuperar lo que consideran suyo, es algo que va más allá de nuestra comprensión.

Se llama arraigo, es un vínculo especial que los indígenas tienen con sus tierras ancestrales. Unión fundamental para su supervivencia física, espiritual y cultural. El lazo que los une a la madre tierra, los representa como comunidad, les otorga una identidad y define todo su sistema de creencias y tradiciones. Así es como ellos entienden el mundo.

 No se puede pretender que ellos tengan la misma cosmovisión que tienen los demás habitantes del país con respecto a la tierra. Para los indígenas no es únicamente un medio de producción. Exigirles que trabajen las tierras que consideran sagradas y además negarles el derecho a regresar a sus territorios ancestrales, no solo es un acto egoísta que atenta contra la dignidad de estas personas; sino que también es  una violación directa a varios derechos protegidos en tratados internacionales ratificados por Colombia, como el Pacto de San José, por ejemplo.

Mientras no se logre llegar a un acuerdo sobre las tierras que reclaman los indígenas, la situación no va a cambiar, no importa cuántos referendos se hagan, ni que tan fuerte sea el muro de contención. Los Nasa seguirán luchando por sus tierras, porque sienten que tienen el legítimo derecho de hacerlo. Seguir ignorando esta realidad en favor de la propiedad privada y atacarlos violentamente con la fuerza pública, no solo es desconocer varias disposiciones dadas por la Corte interamericana de derechos humanos, sino condenarlos a su posible extinción; lo cual sería un asunto bastante grave, teniendo en cuenta que las comunidades indígenas gozan de especial protección. El estado colombiano y las propuestas legislativas que solo favorece intereses particulares serían las únicas responsables de algo tan degradante que solo puede llamarse genocidio.

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