Medellín, esta ciudad de apariencias

Por Isaac Buitrago Quintana
@IsaacBuit

 

Isaac BuitragoInicia el digno Pepe Mujica su discurso, habla de las 12.000 personas que se movilizaron alrededor de la VII CONFERENCIA LATINOAMERICANA Y CARIBEÑA DE CIENCIAS SOCIALES –CLACSO–, un auditorio que enloquece y aplausos merecidos a la intervención del viejo “bonachon”. Un hombre de admirar que enseña con su vida que otro mundo es posible.

Las redes sociales se inundan de selfies de personas celebrando poder ver a Mujica en esta ciudad, lo que llama la atención es que al parecer no lo escuchan, están tan aturdidos por la multitud y por la imagen que no pueden comprender el mensaje. Aplauden en la CLACSO pero se indignan cuando se habla de participación política de las insurgencias ¿acaso se les olvida que Pepe fue guerrillero? Sonríen cuando él habla de una vida más allá del mercado pero se sienten orgullosos de esta ciudad/producto, la misma que albergó la CLACSO mientras planeaba desalojos ¿cómo sería de diferente si los que aplaudían acompañaran la resistencia de las personas que buscan un hogar?

Que no se mal interprete, siempre es bueno escuchar a Mujica dando clases de dignidad, lucha, coherencia y persistencia. El problema es ver una ciudad perdida, antagónica a los planteamientos de este personaje, que le importa más la selfie que su propia ciudad. Es que este municipio necesita mil Mujicas, pero no de forma si no de fondo, no necesita doce mil Volkswagen en las calles, lo que se requiere de manera urgente es miles de hombre y mujeres sintiéndose dueños de su ciudad y exigiendo un territorio donde podamos habitar todos, en la cual la administración no se preocupe tanto por las invasiones si no por la existencia de personas sin casa.

Es que no basta con citar una frase de cualquiera de los personajes que vino a la CLACSO, es necesaria la práctica, basta ya de indignación vía redes sociales, se necesita más solidaridad y no tanto hashtag, porque no se trata de tener lástima de los más necesitados, se trata de querer al otro, pero no de palabra si no de acto, olvidar ese pensamiento individualista que nos enseñan y refuerzan todos los días, entenderse como seres sociales que no compiten sino que conviven, que se necesitan mutuamente. Alguno de los que cree que los pobres son pobres por vagos o cualquier idiotez parecida, se ha detenido a pensar que todas las cosas que consume sin ellos no existirían. No son los empresarios los que mueven la industria, son los trabajadores.

Y es en esta última parte donde muchos se casan con la imagen y olvidan el mensaje, es que esa es otra victoria de la ideología actual, hizo que todo lo que sonara a socialismo fuera pecado, mientras se premia la avaricia y la intolerancia, ya bien lo dijo el sacerdote brasileño Hélder Pessoa Câmara: Si le doy de comer a los pobres, me dicen que soy un santo. Pero si pregunto por qué los pobres pasan hambre y están tan mal, me dicen que soy un comunista. Solo se agregaría, que sí, que se es comunista, socialista, anarquista, progresista… que cuando se pregunta por las causas para darles solución en pro de los excluidos se está a la izquierda.

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