Medellín: Un producto en el que no cabe la realidad

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@IsaacBuit

isaac-moraviaPara que el mineral que conocemos como plata llegue a su punto de ebullición se necesita una temperatura de 2162 °C, en este punto se le puede colocar en cualquier molde para que se adapte y genere un agraciado accesorio sin necesidad de golpear. Este fenómeno lo atraviesa esta ciudad a la que se llama “La Tacita de Plata”.

Esta ciudad, que guarda miles de historias, debe ser recorrida por debajo de su portada. Hace poco más de un año se celebró El Foro Urbano Mundial que tuvo como sede Medellín, para este la institucionalidad realizó todo un despliegue mediático para mostrar una urbe innovadora que progresa, al año siguiente aprobó un Plan de Ordenamiento Territorial (POT) con varios mega proyectos, pero nulas soluciones de vivienda. Todo esto se presentó como un éxito –una gran Innovación–, pero esto solo significó un aumento en el termostato social.

Este contexto, se suma a las violencias producto del evidente control territorial de actores armados y altos índices del narcotráfico y además, reproduce otro tipo de violencia, una que desconoce cualquier idea de Derecho fundamental, una violencia que hace parte de la cotidianidad de los sectores marginados.

Este tipo de violencia, lo vive Mónica, una habitante del sector “El Oasis” del barrio Moravia, quien en el año 2013 cumplía ya 20 años habitando ese territorio de los 26 que tenía de vida. Su familia, al igual que muchas otras, llegó a este sector de la ciudad buscando una vivienda digna, e iniciando un proceso de “invasión” de terrenos que hasta ese momento habían servido como basurero municipal.

Mónica al igual que muchos de los habitantes de este sector, ve crecer a sus dos hijos en las mismas condiciones que ella ha vivido siempre: un trabajo informal en el mejor de los casos, muchas historias tristes ocultadas por la sonrisa de la gente y un barrio construido por ellos para el que Estado es igual a despojo y olvido.

Y es que para ese momento ya se habían dado varios censos, los más recientes en 2004, 2007, 2009 y la caracterización de 2013, sin embargo ninguna solución se ha prestado, por lo que el inicio de 2015 no traía nada diferente para Mónica, excepto la proximidad del nacimiento de otros dos menores y la aprobación del POT, del que ella poco conoce, pero que guarda en su interior la inminente posibilidad de convertirla en una mujer desplazada por el capital.

Ella no hizo nada para aumentar la temperatura social, sin embargo en el aumento de la misma la tocaría. Solo unos meses más tarde nacieron otros dos hijos, para ese momento la casa de su madre ya se veía estrecha, por lo que a mitad de junio decidió construir una vivienda y no había mejor terreno que ese barrio que vio nacer y ser construido por la gente.

Pero esta vida, esta historia y estas gentes, no caben en el diseño de ciudad que Medellín representa y con la temperatura ya en alto el choque era inevitable. Fue con esta realidad que llegó el mes de mayo del presente año, uno de esos la alcaldía de Medellín, a través de Secretaría de Gobierno y Derechos Humanos, Subsecretaría de Gobierno local y convivencia y la Inspección 4B de Policía Urbana, decidió que la temperatura era la adecuada y que la “Tacita de Plata” tenía que ser moldeada; por ello actuaron de una manera desleal y rastrera. Se emitió una orden de desalojo y demolición de actuaciones urbanística, sin número ni fecha.

En ese momento Mónica pasó de ser la muchacha, que nació y vio transformase el sector El Oasis del barrio Moravia, a ser una invasora; la noche previa al operativo aparecieron fotocopias de la orden en algunos hogares y los rumores empezaron a circular. Al día siguiente llegó la Institucionalidad de la Ciudad encabezada por el subsecretario Gildardo de Jesús Lopera Lopera, amparados en el principio de legalidad iniciaron su acción, la cual generó un apenas lógico descontento en los habitantes, pues ellos no entendían – ni tenían que entender – que las personas con las que se criaron tuvieran la calidad de invasores.

Ese 28 de mayo fue gris, llantos, piedras e insultos eran la banda sonora de los martillos que derrumban puertas y demolían precarias estructuras que para 3 familias eran hogar.

Debido a algunas acciones de tutela instauradas por los habitantes del sector y la siempre digna, rebelde y legítima resistencia civil se lograron detener las otras demoliciones y los desalojos, nunca se tuvo claridad de cuántas casas iban a ser objeto de demolición y quiénes eran específicamente las personas afectadas.

Esta historia no se puede concluir pues el panorama todavía es gris y las soluciones reales son distantes, pero si al terminar estas palabras usted puede asomarse a su puerta y no siente cómo la temperatura de la ciudad sigue subiendo para poder moldear un producto que se venda al mejor postor, entonces esté inquieto pues por ahora hace parte de la “plata” y le sirve en algo a este proyecto. Si al contrario algo sintió en la sangre, la invitación está abierta para que por sí mismo vaya, contraponga el mapa que la institución tiene de Medellín y lo contraste con la realidad, así va a encontrar las historias que faltan y los próximos lugares donde el molde ha de llegar.

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