Paz, ciudad y urnas

Por: Isaac Buitrago
@IsaacBuit

La paz es muy importante… hay que acabar el conflicto armado… merecemos una generación sin fusiles… los diálogos… y sí… pero esperen, ¿nadie escucha? La indiferencia, la negación y la apatía son los peligros de que las urnas sean el espacio para refrendar acuerdos, el conflicto parece ser parte de ese país olvidado. ¡Ah, pero si Medellín contará sus historias! Aclaro que no es mi deseo ver más sangre rondando por esta ciudad. Mi preocupación es el mensaje que se puede llegar a enviar si como país le decimos «no» a la paz.

¿Se han pensado lo que le estamos diciendo al mundo si este país le dice NO a la posibilidad de que los guerrilleros dejen de un lado las armas?, es algo como: nos gusta la violencia, sigámonos dando bala otras décadas a ver qué pasa. Las guerras tienden a degradarse y a degradarnos, como patria somos claro ejemplo de eso ¿queremos ver qué más se puede llegar este conflicto armado?

Ahora pensemos en otra cosa, si en las ciudades gana el NO, gana la guerra y ¿qué mensaje le estamos dando a la ruralidad de nuestro país?, estaríamos diciendo: allá se combate y acá ordenamos que eso siga. Creo que esta no es la mejor manera de recuperar el campo, es momento de que busquemos un proyecto de nación, uno que nos sea propio, para esto necesitamos volver los ojos al campesinado y generar garantías para su existencia, ¿o es qué queremos seguir importando alimentos que como país podemos producir y producimos?

Por último, decirle SÍ a la paz no es decirle sí a las insurgencias, es aceptar que dejen las armas y luego en las urnas podremos decidir si nos representan o no; cada ciudadano podrá votar por los partidos políticos que ellas organicen o por los ya existentes. Me disgusta la idea de que en este país se pregunte si hay o no refrendación de acuerdos, me parece de por sí un mal mensaje, pero como la realidad es esta prefiero empezar a impulsar un SI, porque seguramente en un municipio o en un barrio marginado hay un joven de mi edad que está esperando que respondamos la pregunta de Gonzalo Arango: ¿no habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?

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