Sé por qué lo hicieron

Por: Isaac Buitrago
@IsaacBuit

Sé por qué lo hicieron, sé que tenían miedo -¿quién no lo tendría? -guerra, terror, enfermedad… existía una multitud de problemas que conspiraron para corromper su razón y despojarlos del sentido común, el temor se apoderó de ustedes y llenos de pánico recurrieron al ahora gran canciller (…) él les ofreció orden, él les ofreció paz y lo único que les exigió a cambio fue su anuencia silenciosa y obediente…

V de Venganza

por-que-lo-hicieron-isaacDebe ser muy duro tener edad para recordar la Colombia de hace tres décadas: un conflicto agudo, instituciones inestables, dominio de grupos armados por todo el territorio nacional, persecución a la oposición, aniquilación de un partido político, la toma del Palacio de Justicia, el fútbol y el narcotráfico, la tragedia de Armero, primera victoria frente a Argentina, tercer lugar en la copa América del 87’, la gran desilusión del mundial USA 94’, y mientras el país se transformaba no salía de su sangrienta realidad.

El país del campesino, el mulato, el indio y el afro, seguía derramando sangre como lo hizo en tiempos de la invasión española, solo que en este caso eran los hermanos quienes se mataban entre sí. Entonces llego el discurso de la seguridad y empezó a opacar el origen del conflicto, al narcotráfico se le mezclo con las guerrillas y se empezaron a igualar los capos, con los alzados en armas, de esta manera quisieron poner debajo del tapete las personas de la UP y de ¡A Luchar! que fueron víctimas de un Estado indolente.

Y es que todas las familias colombianas tenemos algo que contar de un ser querido y un actor armado, muchas por víctimas y otras por victimarios. Las armas que en un momento aseguraron la independencia no se convirtieron en garantía de la paz, mientras todo esto pasó quienes detentaban –y detentan aún– el poder estatal siguieron vendiendo la idea de que la fiebre está en las sábanas. Nos hicieron creer que los rebeldes en armas eran el origen de las inequidades en Colombia y no una consecuencia de las mismas.

Pero seguramente, Pedro Antonio Marín Marín no se hubiera convertido en Manuel Marulanda Vélez si esa no hubiese sido la única opción que vio posible, tal vez si no hubieran asesinado a Gaitan, si la guerra bipartidista la hubieran luchado quienes la generaron, sin Marquetalia ni Simacota y sin la existencia del Frente Nacional, él hubiese sido un campesino sin mucha relevancia en nuestra historia como miles de campesinos, pero todas estas fueron decisiones de las familias de siempre: los Lleras, los Pastrana, los Santos, los empresarios y mercaderes de la política, fueron ellos quienes lo empujaron a las armas.

Toda esa historia se empezó a difuminar a finales de los ochenta e inicios de los noventa, para que desde Antioquia empezara a tomar impulso una idea de país que consolidaba un proyecto político que ya venía en marcha; el paramilitarismo no solamente fueron quienes dispararon a diestra y siniestra, también fueron quienes los alentaron a eso y les dictaron las órdenes –o las clases como lo hizo José Miguel Narváez–. Partiendo de ello se generó una cultura, que aún hoy se ve reforzada por una televisión que enaltece la figura del “Capo” y la prepago, para luego lamentar a una generación que se pierde en la indiferencia.

Fue en ese sucio momento y desde el mismo fango, donde apareció la figura de quien luego fuera presidente, el hoy congresista Alvaro Uribe Vélez, de quien se puede decir: dime con quién andas y te diré quién eres. Empezó su trayecto de sangre con la ley 100 de 1993, la cual es causa de muertes en nuestro país, sus pasos siguientes los dió por el departamento de Antioquia, entre los más destacados están: su activa participación en la creación de las CONVIVIR, señalamientos a defensores de derechos humanos como el profesor Jesús María Valle Jaramillo, las sangrientas y hoy condenadas operaciones de Mariscal y Orión, entre otros casos. Todo ejecutado en nombre de la Seguridad.

Pero eso no es Seguridad, parafraseando a Teresa Rodríguez en España[1], la seguridad es llegar a fin de mes, la seguridad es poder pagar el recibo de luz y de agua, que la escuela permanezca abierta, la escuela del pueblo, la escuela de la ciudad, la seguridad es que la atención primaria sea eficiente ¿ó es qué tenemos que seguir viviendo con la ansiedad de no saber que nos espera cada día?

Sé que votaron por miedo, sé que lo hicieron porque se les empujo hacerlo, sé que pensaron que las armas acabarían las armas, pero el problema no está en los fusiles, ellos son solo la consecuencia, como bien lo dijo Gonzalo Arango: ¿no habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?

Es hora de responder de manera afirmativa esa pregunta, es momento de que en pro de una falsa seguridad dejemos de renunciar a nuestros derechos, es momento de que un trabajo estable deje de ser un privilegio, que la educación sea garantizada y que la salud se predique como derecho.

Hace ya más de una década dejamos que líderes trágicos como Alvaro Uribe tomaran las riendas de nuestro país, es hora de hacernos dueños de nuestro propio destino, es hora de darle la mano al país, como lo pedía el asesinado candidato presidencial Bernardo Jaramillo, es hora de reconocer que nos equivocamos al elegir la guerra a los armados, que ahora debemos hacerle la guerra a la miseria, allí tendremos la seguridad que tanto anhelamos.

[1] Discurso íntegro de Teresa Rodríguez en Dos Hermanas. 20/03/2015. Ver https://www.youtube.com/watch?v=GRfPVW2YrxI

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