O vías o ciencia: una disyuntiva innecesaria

Por Víctor Correa Vélez

Ayer, en rueda de prensa, el Ministro de Hacienda, acompañado de la Comisión Primera de Cámara, informó que había radicado la ponencia para el segundo debate acerca de la Reforma Constitucional del Sistema General de Regalías. Según el mismo anuncio, el día de hoy será votado como tema único de la Plenaria de la Cámara de Representantes.

Al tiempo, el día de hoy y a mi solicitud, se había programado un debate de control político sobre el Proyecto de Acto Legislativo 010 de 2017. Por supuesto, el control político se canceló. Es notorio el afán del Gobierno en la aprobación de algunos de sus proyectos, evitando los debates abiertos, y llevándolos a actuaciones rápidas y eficientes para unos temas, y lentos para otros.

El debate que tenía previsto para hoy, cuestionaba el “castigo” al desarrollo de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) en el país. En ninguna de las preguntas de la rueda de prensa se hizo algún cuestionamiento por la suerte de los proyectos regionales de investigación, ni por las causas que llevaron a que aproximadamente, 1,3 billones de pesos destinados a ciencia, tecnología e investigación no se hubiesen ejecutado.

Y hay razones para creer esto. En primer lugar, es cierto que existen serias irregularidades en la inversión de recursos para la innovación y el emprendimiento, como bien apunta la Contraloría General de la Nación. En el periódico El Tiempo el 2 de marzo de 2017, afirma el mismo organismo que “De 33 municipios financiados para desarrollos de CTI (11,9%) aprobados entre 2012 y 2015, se malgastaron casi 100 mil millones”.

En segundo lugar, es por todos sabido que uno de los graves problemas que ha truncado el desarrollo rural ha sido la ausencia o mal estado de vías, lo que ha impedido una ampliación de la comercialización de productos, especialmente para los campesinos y campesinas dueños de pequeños cultivos. Sin embargo, estas son razones a medias, y muy útiles a la hora de pensar en el corto plazo, como es costumbre de nuestra clase política dominante. Hagamos un poco de memoria.

La ciencia, tecnología e innovación del PND, paz, equidad y educación

En el Plan Nacional de Desarrollo (2014-2018), y a pesar de enmarcarse en una mirada reducida de la investigación atada a la competitividad y el empresarismo, se había prometido que Colombia llegaría a ser un líder en América Latina en áreas estratégicas de conocimiento. Para ello se revisarían las condiciones para lograr investigación de alta calidad a través de la creación de unos fondos sectoriales que garantizarían la financiación estable y, sobre todo, con objetivos de largo plazo. Llama además la atención de que se generaría una cultura de valoración y gestión del conocimiento. A todo esto, se sumaba que el papel de COLCIENCIAS sería apoyar a las regiones, desarrollaría una estrategia integral de descentralización, y haría seguimiento y evaluación a los proyectos (asumimos que permanente). Finalmente, tanto Colciencias como el DNP apoyarían a los entes territoriales en la formulación, estructuración y ejecución de los proyectos. Hoy, sin explicar a fondo las razones de por qué se llegó a este punto respecto a la inversión en proyectos regionales de CTI, se castiga al sector justificando la apropiación de recursos de destinación exclusiva, sin que exista una evaluación crítica de las responsabilidades del gobierno en cumplir los objetivos propuestos en su Plan de Desarrollo.

Colombia en la ODCE

Uno de los claros propósitos de este gobierno era el ingreso de Colombia a la ODCE. Aunque esto significara ponerse al día con medidas económicas que desde los ajustes estructurales de los 90 no han demostrado traer beneficios para el país, sigamos la cuerda al gobierno en sus intenciones, solo por unos momentos.

A 2018, el gobierno de Juan Manuel Santos se comprometió en destinar el 1% del PIB para la ciencia, promesa que evidentemente no se ha cumplido. En cuanto a entrar a la ODCE, la promesa sí se cumplió, pero no parece haber un plan, en cuanto a desarrollo de CTI que pueda colocarnos, ni siquiera en el ámbito de América Latina, a la altura de los países miembros. Mientras países como el muy citado Corea del Sur invierten por encima del 4% de su PIB en investigación, Estados Unidos por encima del 2,5%, Brasil por encima del 1% y Chile va creciendo hacia el 0,5%, Colombia se mantiene en un comportamiento estable, que en su mejor época alcanza a rozar el 0,3%. Los ejemplos que comúnmente se citan, como Israel, o nuevamente Corea del Sur, muestran un comportamiento creciente de su inversión respecto al PIB en Ciencia y Tecnología, mientras que Colombia se mantiene en la base sin grandes sobresaltos. Falta de sobresaltos debe hablarnos de falta de voluntad política. ¿Será muy difícil entender que una de las principales causas de que los países competitivos de la ODCE con economías florecientes, tenga que ver con una fuerte inversión en CTI? Aunque no comulgo con el modelo de desarrollo, ni de este, ni de los anteriores gobiernos, a veces me queda la duda de qué tan convencidos están acerca de sus propias ideas de desarrollo.

El no tan corto plazo

Al decidir no reinvertir recursos no ejecutados en el FCTI, y al no dar cuentas de las acciones del gobierno para lograr una equidad científica y tecnológica entre las distintas regiones del país, se agrava la decisión castigando la corrupción en la ejecución de proyectos de CTI, mandando los dineros a otra olla ampliamente demostrada de corrupción. Primero, porque esta decisión no es una informada, ya que en el documento CONPES 3857 de 2017, se establece que hay un desconocimiento sobre el estado de la red de vías terciarias, y que además la ejecución de estos recursos ha estado sometido a la ausencia de buenas prácticas en la contratación. Y a pesar de que el gobierno esgrime el argumento de urgencias y prioridades, el mismo CONPES controvierte la idea del corto plazo afirmando que los mecanismos de contratación y las demoras en la ejecución limitan la respuesta a la demanda local. Tampoco es novedoso que cada vez que los gobiernos de los últimos años quieren “impulsar el desarrollo”, quieren no pocas veces decir que, en últimas, se trata de favorecimiento al sector de la construcción por sobre otros sectores, inclusive el agrícola, que quizás antes de vías de transporte, necesitaría asistencia técnica, tierras e insumos para poder producir algo qué transportar. Ejemplos de favorecimientos sobran y elefantes blancos para demostrarlo, también.

Y qué opinan académicas y científicos del país

Para el debate de control político solicitamos el concepto de académicos, investigadores y organizaciones científicas. La sola apropiación de 1,3 billones de pesos en regalías para vías terciarias prácticamente triplica el presupuesto de Colciencias, como lo afirma el Rector de la Universidad Nacional de Colombia, José Ignacio Mantilla. Se trata entonces de un doble recorte financiero a la CTI, porque de un lado, no se apoya al sector con una más que necesaria reinversión, sino que la otra fuente tradicional de financiación, COLCIENCIAS, su presupuesto ha venido disminuyendo, como lo confirman varios de los expertos consultados. La estrategia de apropiación no se acompaña de una estrategia para no repetir los errores del pasado.

No solo hace falta salvar para el sector lo que se prevé en la apropiación, se trata de que en el fondo estas políticas demuestran el desinterés del gobierno, y de buena parte de la sociedad colombiana, en alcanzar una soberanía científica y tecnológica. No se trata de que el país carezca de ideas y proyectos suficientes, innovadores, pertinentes, se trata de que carece de gobierno y voluntad política para sacar al país adelante.

Dos invitaciones

La primera, invito a las y los representantes a la Cámara, a no acabar de desfinanciar la ciencia, la tecnología y la innovación en el país, votando en contra este proyecto de reforma a las regalías, que además en el fondo, parece más una estrategia de re centralización de recursos por parte del gobierno. Segundo, invito a las y los académicos, docentes, estudiantes, científicos, funcionarios, comunidades en general, investigadoras e investigadores a lo largo del territorio nacional, para que nos tracemos una ruta de conversaciones para una reforma estructural del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, acorde a las necesidades del país.

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