¿Cuántos bananos hay que vender para comprar un Iphone?

bananosEl debate que se suscita hoy en razón de la Reforma Tributaria y del des-financiamiento del Presupuesto General de la Nación, parece olvidar una discusión que ya es de Perogrullo: esa que se enfoca en la pertinencia del modelo económico y sus consecuencias cíclicas. Si bien puede decirse que el capitalismo tiene unas condiciones ontológicamente críticas, o para decirlo más claro, tiende a la crisis (característica que nos ha enseñado la macroeconómica como flujos y contra flujos económicos), no podemos calificar como un simple contra flujo económico el momento que vivimos, sino que debemos admitir que la administración de la economía nacional juega permanentemente con la crisis.

Mi conocimiento sobre economía no es mayor al de un lego, pero me atrevo a decir que la calificación crítica del sistema económico, sirve especialmente para justificar los descalabros de la política económica; siempre el capitán del barco podrá justificar la pérdida de la brújula porque en el mar hay viento o mal clima.

No tiene ningún problema el gobierno en sostener que el PGN está desfinanciado en 12.5 billones, en especial cuando cuenta con la genuflexión del legislativo a la hora de presentar su presupuesto, pues se da el lujo de presentar un proyecto desfinanciado, haciendo cuentas de que posteriormente ese mismo Congreso de bolsillo que tiene, le aprobará sin mayores problemas los proyectos que presente; así, en primer lugar se aprueba en el Congreso de la República un presupuesto desfinanciado, porque en un momento posterior no habrá ninguna limitación por parte de esa corporación frente a la propuesta de Reforma Tributaria que pretende subsanar el hueco que tiene el fisco nacional.

Sin embargo vale la pena poner en duda la capacidad para subsanar el problema que tiene la reforma, basado en dos elementos: el primero es que muy difícilmente el dinero faltante se limite a los 12.5 billones anunciados por el gobierno, pues se proyecta que el déficit real es muy superior a esa cifra; y en segundo lugar, la reforma tributaria es mala, más por lo que no soluciona, que por lo que pretende solucionar.

El hueco fiscal difícilmente, como se dijo, será de apenas 12.5 billones de pesos, dado que el PGN se calculó con un precio del petróleo por encima de 90 dólares por barril, commodity de la economía colombiana que hoy por las fluctuaciones del mercado internacional está entre los 70 y 80 dólares; este pequeño desbalance económico, dicen los medios especializados, no se subsanará hasta 2022.

Por otro lado, el aumento del dólar, que posiblemente beneficiará a los exportadores colombianos, afectará al pago de la deuda con la banca internacional que le presta a Colombia, puesto que los 47 billones de pesos destinados al pago de la deuda, en el cambio a dólares, no alcanzarán a cubrir las cuotas de los préstamos. Basados en estos dos ejemplos, algunos analistas afirman que el déficit del presupuesto es mucho mayor al que calcula el gobierno nacional.

La reforma tributaria no es precisamente una reforma a la estructura tributaria del país (lo que muchos consideran necesario) sino una reforma al Código Tributario, lo que incluye varias reformas a impuestos existentes y el cambio de nombre a otros. Habrá que decir que el problema de esta reforma, además del populismo tributario del presidente, quien sostiene que es una reforma esencialmente progresiva, es precisamente que nada reforma y que mantiene la lógica seguida para cobrar impuestos en este país: desordenadamente y de acuerdo a la crisis de cada año.

Contrario a lo que afirma el presidente, el famoso impuesto a la riqueza, que se cobrará a personas que en su patrimonio tengan (después de pasivos) mas de mil millones de pesos, es un impuesto de carácter recesivo, porque al cobrársele a las empresas, el liquido de inversión limitaría la posibilidad de crecimiento de la economía; además la fórmula progresiva del impuesto, parece entender que es lo mismo que un colombiano o una empresa colombiana tengan 5.000 o 50.000 millones, porque la tasa progresiva del impuesto aumenta solo hasta los 5.000.

Por otro lado, la Reforma Tributaria desconoce la estructura de inversiones económicas en el país, dado que los grandes capitales que rentan y se mueven en la economía nacional, no están en Colombia y el patrimonio grabable de esas operaciones es ínfimo e imposible de rastrear, y no solo hablamos de las multinacionales, puesto que las grandes empresas nacionales también se han especializado en difuminar su capital y hacer grandes transacciones por fuera del país para evitar impuestos (¿en eso estaría pensando Marroquín en 1903? ¿En hacer transacciones económicas en el patio de la casa y sin impuestos? Posiblemente, aunque yo creo que fue por el canal). En resumen, la estructura de la economía de inversiones nacionales y el juego con las franquicias, las firmas y los movimientos del capital, ponen en desventaja de alguna forma, con la reforma, a la industria nacional y además hacen casi fatua la forma de cobrar esos impuestos.

En cuando al CREE, se insistió mucho con la anterior “reforma” que la eliminación de los parafiscales iba a desfinanciar al ICBF y el SENA y que la tarifa del impuesto no alcanzaría. Y cual lo anunciado, esta reforma aumenta precisamente esa tarifa. Esta operación prueba el problema del Sistema Tributario colombiano que crea un impuesto, o lo modifica, cada que se considera necesario, sin un marco de planeación económica que permita prever los efectos en la economía. Pero con lo anterior no digo que los economistas del gobierno improvisen, digo que su modelo tributario obedece a la necesidad de mantener la crisis para solucionarla, a formular un modelo económico dinámico dado que a nadie aburre tratar de solucionar una recesión cada tanto.

Por lo expuesto hasta el momento se puede concluir que hace falta un marco tributario de verdad progresivo, que reconozca las formas en que se mueve el capital y que por supuesto, de verdad, cobre lo que debe cobrar a los ricos y evite que estos saquen su capital. Hace falta recuperar las fuentes tributarias que ha entregado el gobierno en su política internacional, como las exenciones, y lograr un sistema tributario completo que permita organizar bien la economía.

Finalmente, que la economía flaquee es una característica propia del modelo económico, el estado de crisis permanente. Sin embargo el modelo económico del país da cuenta de lo frágiles que son las cuentas cuando dependemos de productos extractivos, y es que el rol que le asignaron a Colombia en la economía mundial fue una estafa, en especial cuando en el capitalismo el plus valor se produce al aplicar a los factores de producción en los medios y lo que vale es el plus valor. En este sentido vale preguntarse ¿cuánto trabajo se aplica en la economía extractivista que no transforma materias primas? ¿Cuánto capital se utiliza en una economía en que se fugan las posibilidades de reproducción? ¿Cuánto conocimiento se imprime a las materias primas que sacamos para que otros transformen? En resumen ¿Cuántos bananos hay que vender para comprar un Iphone?